Aniversario. 25 años de la Unicameral: un achique necesario, una mejora pendiente
En un contexto nacional de crisis y hastío social hacia la política, De la Sota impulsaba en 2001 la última reforma constitucional que se hizo en Córdoba. Fue un proceso muy rápido, que sólo cambió el Poder Legislativo. Luces y sombras de este cuarto de siglo.
Hace 25 años, en los prolegómenos de una de los mayores estallidos político-económico-institucionales que sufrió la Argentina, Córdoba cambiaba su Poder Legislativo y dejaba el sistema de dos cámaras para pasar a un suelo cuerpo
La transformación de bicameral en unicameral de la Legislatura cordobesa se dio en un proceso bastante rápido, con ese contexto nacional de extrema crisis y el cimbronazo mundial que implicó la caída de las Torres Gemelas en Nueva York.
Córdoba no sólo tenía una Legislatura bicameral de 133 integrantes sino que una de sus cámaras, el Senado, crecía a ritmo del aumento poblacional.
De hecho había más senadores que diputados. 67 a 66, fruto de un artículo de la Constitución reformada en 1987 para conseguir acompañamiento de las fuerzas no mayoritarias de modo tal los departamentos de más de 100 mil habitantes elegían seis senadores (tres para el ganador, dos para el segundo y uno para la tercera fuerza) y los de más de 300 mil habitantes tenían ocho bancas (cuatro, tres y uno).
José Manuel de la Sota estaba a mitad de su primer mandato y aprovechó esa estructura elefantiásica para una apuesta doble: consolidar su liderazgo en Córdoba y proyectar su figura a nivel nacional en busca de una candidatura presidencial.
Eran tiempos de mucho malestar social y emergía aquel fenómeno que estallaría a fines de 2001 con esa denominada corriente de “antipolítica”.
Fue así que De la Sota lanzó una consulta popular de resultado cantado donde se preguntaba: “¿Está de acuerdo con transformar la actual Legislatura bicameral de 133 miembros por una unicameral con 70 legisladores?”. El 22 de julio de 2001, el resultado fue previsiblemente contundente, con más del 70% en favor del "Sí".
Pero esa reforma estaba prevista que se concretase en 2003, cuando se debía dar la renovación del mandato del gobernador y de los legisladores.
El radicalismo decidió jugar una carta para intentar recuperar la iniciativa y tratar de acorralar al delasotismo. Fue así que presentó un proyecto para que la reforma constitucional fuese inmediata, con la expectativa que la idea iba ser rechazada por el oficialismo.
Pero De la Sota aceptó rápidamente la idea y esa primera semana de agosto se aprobó la necesidad de la reforma acotada sólo al Poder Legislativo y se convocó a elecciones de convencionales para el 2 de septiembre.
El peronismo, que entonces se llamaba Unión por Córdoba, se impuso por amplio margen sobre el radicalismo y se quedó con el control de la Convención Constituyente, que fue presidida por el entonces ministro de Educación y luego vocal de la Corte Suprema, Juan Carlos Maqueda.
Breve y con el 11-S
La Convención fue muy breve. Arrancó cinco días después, el 7 de septiembre, y duró apenas una semana, con un temario acotado sólo a tratar cuestiones vinculadas al Poder Legislativo provincial.

Y tuvo el ingrediente que a poco de arrancar, el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York desvió toda atención ciudadana a lo que ocurría en el viejo edificio de la Legislatura cordobesa.
El cambio central ya estaba planteado en aquella consulta popular de julio: una sola cámara de 70 miembros.
La primera cuestión que se introdujo se refirió a mantener la representación territorial de los 26 departamentos.
Por eso la composición de la Unicameral se dividió en dos partes: un legislador por cada departamento elegido de manera uninominal y los otros 44 por una lista general tomando a la provincia como distrito único.
Pero en medio todo ese vértigo la discusión se planteó cuándo Córdoba empezaba a tener sistema unicameral, teniendo en cuenta que los mandatos de los 67 senadores y 66 diputados en ejercicio vencían en diciembre de 2003.
Se dispuso la caducidad de esos mandatos desde diciembre de 2003, lo cual mereció una serie de recursos jurídicos que no prosperaron.
Entonces, se votó para la nueva unicameral un mes más tarde, junto con la elección nacional de medio término del 14 de octubre de 2001. Y esos primeros legisladores unicamerales tuvieron un mandato sólo de dos años para que la primera renovación se diera junto con la del Ejecutivo.
Hubo también otras modificaciones. Por ejemplo, se bajó a 18 años la edad mínima para ser legislador, se amplió el período ordinario de sesiones de febrero a diciembre y se estableció la paridad de género para los integrantes de la Legislatura provincial.

Se eliminaron los adicionales salariales para legisladores del interior y se eliminó la inmunidad de arresto que gozaban los parlamentarios cordobeses.
Se permitieron los reemplazos temporales de los legisladores y se estableció un sistema de “doble lectura” para determinadas leyes, como presupuesto, leyes impositivas y empréstitos.
Este último punto alude a una de las virtudes del sistema bicameral que exige un doble tratamiento de las leyes. En la práctica, nada se modifica en la Unicameral de un tratamiento al otro de esas leyes.
La doble lectura y las audiencias públicas han sido instrumentos decorativos, aún con la ajustada mayoría que tiene hoy el peronismo cordobés, que ha tenido siempre el control de la Legislatura en estos 25 años.
Balances
Han pasado varias conformaciones de la Unicameral. La reducción del gasto respecto a aquella estructura desproporcionada es evidente, aunque sigue siendo controvertido ese punto.
La calidad parlamentaria no sufrió cambios y en las anteriores composiciones hubo un marcado desequilibrio en la preeminencia del oficialismo, transformado a la Legislatura en una escribanía del Ejecutivo.
Eso revirtió en la actual Unicameral fruto de aquella elección reñida que ganó Hacemos Unidos por Córdoba en el tramo de gobernador pero la perdió en el segmento de legisladores por distrito único y varios departamentos.
Los trámites legislativos se agilizaron pero se perdió la revisión y enriquecimiento de determinadas normas que tenía la bicameralidad.
La evocación de los 25 años de Unicameral encuentra a la Legislatura de Córdoba envuelta por una serie de escándalos, que comenzaron con empleados fantasmas y continúan con asesores y empleados con frondosos antecedentes penales, sin contar la cantidad de personal que sigue sin conocerse su función en el cuerpo.



