Más carne. El año de las pasturas: la oportunidad histórica para potenciar la ganadería con números a favor

Con una relación insumo-producto extraordinariamente baja, perspectivas de precipitaciones abundantes y una demanda sostenida de carne, la implantación de forrajeras se consolida como la inversión más rentable y estratégica del año.

14 de septiembre de 2026 a las 09:07 a. m.
El año de las pasturas: la oportunidad histórica para potenciar la ganadería con números a favor
OPORTUNIDADES. La relación insumo-producto está en su momento más conveniente de los últimos 14 años.

El escenario para la ganadería argentina atraviesa una ventana de oportunidad excepcional, configurada por factores climáticos y de mercado que no se observaban en más de una década. Las proyecciones que anticipan precipitaciones por encima de la media se presentan como el socio indispensable para el productor. En la actividad agropecuaria, que llueva es, de manera directa, sinónimo de pasto. Sin embargo, el verdadero catalizador de este momento óptimo es una relación insumo-producto muy favorable, la más conveniente de los últimos 14 años, que permite transformar el valor de la carne en producción de forraje a largo plazo de forma sumamente eficiente.

La inversión para implantar pasturas es hoy más accesible. El costo en semillas para una hectárea de grama rhodes cayó de un promedio histórico de 35 kilos a solo 20 kilos actualmente.
La inversión para implantar pasturas es hoy más accesible. El costo en semillas para una hectárea de grama rhodes cayó de un promedio histórico de 35 kilos a solo 20 kilos actualmente. (Pemán Semillas)

Para comprender esta oportunidad, basta analizar la evolución histórica de precios. En los últimos 12 años, el promedio de kilos de carne de novillo requeridos para comprar la semilla necesaria para implantar una hectárea de grama rhodes —un producto de uso muy federal en la Argentina— se ubicaba en 35 kilogramos de carne, registrando picos de hasta 50 kilos en periodos desfavorables. Actualmente, esa misma hectárea se implanta con apenas 20 kilogramos de carne. Esta drástica reducción a poco más de la mitad de la media histórica responde a una doble corriente: el buen precio sostenido de la carne y una sensible baja nominal en dólares de las semillas, impulsada por costos de importación más devaluados y competitivos.

Martín Pemán, gerente comercial de Pemán Semillas, destaca este cambio de paradigma en las zonas productivas: "Se está dando mucho que numerosos campos agrícolas están pasando de agricultura a ganadería en zonas marginales. Antes, los campos ganaderos se pasaban a soja en zonas marginales porque la ganadería estaba pisada. Hoy, en regiones como Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa, hacer un maíz de 5.000 kilos o una soja de menos de 20 quintales ya no es negocio. La ganadería es un planteo a largo plazo y hoy la gente está viendo los números".

Bárbara Wulff, gerenta de la unidad de especialidades de la firma, aporta una perspectiva técnica complementaria: "La inversión en la siembra y la semilla, si bien hoy es baja, es la inversión más grande y más importante que vas a hacer en el pasto durante los 6 o 7 años que va a durar esa pastura. Si la haces en un año que llueve de manera abundante y frecuente, tenés el éxito casi asegurado en una siembra que tiene complejidad ya que son semillas muy pequeñas y delicadas".

En la actividad agropecuaria, que llueva más es, de manera directa, sinónimo de pasto.
En la actividad agropecuaria, que llueva más es, de manera directa, sinónimo de pasto. (Pemán Semillas)

La viabilidad económica de esta inversión se consolida cuando se evalúa su amortización a largo plazo. Una pastura de grama rhodes bien establecida y manejada de manera correcta, con cargas animales adecuadas, permite producir aproximadamente 450 kilogramos de carne por hectárea al año. Teniendo en cuenta que se trata de un recurso perenne con una vida útil de entre 6 y 7 años, la rentabilidad final resulta sumamente atractiva frente a cualquier otra alternativa productiva en ambientes del centro y norte del país. El productor ganadero moderno se comporta como un empresario que analiza sus costos al milímetro, maneja información muy fina y comprende que la mayor eficiencia se logra, fundamentalmente, mediante la implantación de pasturas de alta calidad genética.

Detrás de este impulso se encuentra la trayectoria de Pemán Semillas, una empresa familiar nacida en 1964 en Jesús María, Córdoba, fundada por Oscar Pemán y Elsa Picat con la visión de abastecer de forrajeras a una zona con enorme potencial ganadero.

Lo que comenzó como un emprendimiento local dio paso a un proceso de profesionalización con la incorporación de la segunda generación de ingenieros agrónomos, Oscar y Rosalba Pemán, quienes consolidaron a la firma como un referente nacional. Hoy, la tercera generación, integrada por Martín y Fernanda Pemán y Bárbara Wulff, conducen la compañía bajo un protocolo familiar diseñado para garantizar una transición generacional ordenada.

Con sede operativa en Sinsacate, y una estructura operativa de más de 100 colaboradores directos, Pemán integra toda la cadena de valor, desde el desarrollo genético hasta la comercialización. Su infraestructura cuenta con su casa central y planta de procesamiento industrial en Sinsacate y siete sucursales distribuidas en Río Cuarto, 9 de Julio, Las Lajitas, Tucumán, Charata y Corrientes.

Sede operativa en Sinsacate de Pemán Semillas.
Sede operativa en Sinsacate de Pemán Semillas. (Pemán Semillas)

Esta red se complementa con más de 100 comercios y distribuidores oficiales que permiten cubrir las zonas productoras del país, incluyendo puntos australes como Choele Choel y General Roca en Río Negro, así como San Luis, La Rioja, Misiones y Salta.

Esta vasta capilaridad le otorga a Pemán una participación del 40% del mercado nacional en productos estrella de forrajeras subtropicales como la grama rhodes y el gatton panic.

Cada año, las semillas comercializadas por la empresa cubren unas 450.000 hectáreas en todo el territorio argentino. Para sostener este volumen de oferta, la empresa gestiona anualmente unas 9.000 hectáreas de producción y multiplicación de semillas bajo el monitoreo de ingenieros agrónomos.

El proceso de multiplicación es sumamente minucioso y tecnificado. Todo comienza en escala casi artesanal a partir de un puñado de apenas 300 gramos de semilla mejorada.

A partir de esa cantidad, se inicia una progresión de siembras y cosechas bajo riego en campos propios y arrendados en Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Formosa y Salta para asegurar la adaptabilidad climática.

La aplicación de tecnología avanzada sobre la semilla —con tratamientos que mejoran la germinación, facilitan la fijación de nutrientes y promueven un desarrollo de plántula más veloz— permite que el productor logre implantar y pastorear su lote en apenas seis meses, superando las expectativas tradicionales de dos años.